La Bóveda Global de Semillas fue construida en los pies de una remota montaña en Noruega para conservar muestras de alimentos y protegerlos de fenómenos climáticos. Con este último cargamento, se garantiza la producción de todo tipo de plantas a pesar del cambio climático.

El calentamiento global es un problema real que amenaza con terminar con la vida en la Tierra si no hacemos algo al respecto.

El aumento en las temperaturas del mundo entero, sumado a los grandes niveles de contaminación, ha acabado con miles de especies animales y vegetales y si no se controla, podría dejar a todo el mundo sin alimentos en pocos años más. 

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Sequías, plagas inundaciones, incendios, huracanes. Todas estas catástrofes son originadas debido a las altas emisiones de carbono que la humanidad produce y a la destrucción de los bosques que antes las controlaban. 

En un esfuerzo para tener un «plan B» ante las condiciones climáticas que nosotros mismo estamos provocando, una organización internacional creó el Banco Mundial de Semillas, el que se encarga de resguardar muestras de millones de plantas y vegetales para evitar que desaparezcan ante cualquier desastre natural.

El Gobierno noruego, el Fondo Mundial para la Diversidad de Cultivos y el Banco Genético Nórdico impulsaron este proyecto que culminó en febrero de 2008 con la apertura de la que también se conoce como la bóveda del fin del mundo (en referencia a la utilidad de las semillas almacenadas en caso de una catástrofe global). 

El Svalbard Globale Frøhvelv (nombre oficial de esta instalación, en noruego) es un almacén o depósito de seguridad construido en una cueva excavada en una montaña para la conservación de muestras de semillas de cultivos alimentarios para protegerlos frente a fenómenos como el cambio climático.

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Excavada a 130 metros de profundidad en una montaña de piedra arenisca, situada a las afueras de la localidad de Longyearbyen, la bóveda «del fin del mundo» es impermeable a fenómenos como la actividad volcánica, los terremotos y la radiación. 

Las preciadas semillas están almacenadas a 18 grados bajo cero y en caso de fallo eléctrico, el permafrost ártico (capa permanentemente helada) del exterior actuaría como refrigerante natural, reportó La Vanguardia.

Con esta verdadera «Arca de Noé», se espera proteger las especies vegetales que nos proporcionan alimentos y poder volver a plantarlas si alguna vez llegan a desaparecer.

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Ahora, con un nuevo envío de más de 60 mil muestras, la bóveda superó el millón de muestras y aseguró la supervivencia de todas estas especies.

Representantes de 36 organizaciones de 33 países han participado este martes en la ceremonia celebrada en el exterior de la bóveda para la recepción de este nuevo cargamento de semillas con el que se supera la barrera del millón de muestras.

Entre las instituciones que han participado en esta nueva aportación, compuesta por más de 60 mil muestras en total, figuran el colombiano Centro Internacional de Agricultura Tropical (CIAT), El mexicano Centro Internacional de Mejoramiento de Maíz y Trigo (CIMMYT) y el peruano Centro Internacional de la Papa (CIP), muestras de los jardines botánicos reales Kew del príncipe de Gales, así como una donación de la nación cherokee, la primera tribu estadounidense en colaborar con el mayor depósito mundial de semillas.

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«Esta entrega es especialmente oportuna», afirmó en la ceremonia la primera ministra noruega, Erna Solberg, recordando que 2020 es el plazo límite para que cada país proteja su rango genético de cultivos, con vistas a lograr en 2030 el objetivo de desarrollo sostenible de la ONU de acabar con las hambrunas.

Si bien la idea es detener el cambio climático antes de una catástrofe, es bueno saber que si todo falla, al menos la humanidad tiene un plan para volver a producir alimentos y evitar ale extinción de la raza humana y de toda la vida en el planeta. Esperemos nunca tener que utilizarlas.